Que es el tiempo?
Aca algo interesante acerca del tiempo:

El tiempo es la inexplicable materia prima de todas las cosas; con él todo es posible; sin él, nada. El tiempo se nos ofrece diariamente de una forma milagrosa, es una cuestión genuinamente asombrosa, que si la examinas detenidamente te llena de estupor.
Te despiertas por la mañana y ¡ya está! Tu bolsa contiene por arte de magia veinticuatro horas del virginal tejido del universo de tu vida. Y es sólo tuyo. Es la posesión más valiosa… y nadie te la puede arrebatar. Nunca te lo podrán robar. Y nadie recibe ni más, ni menos, de lo que recibes tú.
En el reino del tiempo no existe ni aristocracia de riqueza, ni aristocracia de la inteligencia. Al genio no se le recompensa ni con una hora extra al día. Tampoco existe el castigo. Malgasta cuanto quieras ese precioso bien, y sin embargo, nunca se te negará el suministro.
Por otra parte, no puedes disponer del futuro. Es imposible incurrir en deudas con el tiempo. Solamente puedes gastar el momento presente. No puedes derrochar el mañana; está reservado para ti
He dicho que se trata de un milagro. ¿Y no lo es? Se te dan esas veinticuatro horas para vivir. Con ellas debes bordar la salud. el placer, el dinero, la satisfacción, el respeto y el desarrollo de tu alma inmortal.
Su empleo correcto y más eficaz es una cuestión de máxima urgencia y palpitante actualidad. Todo depende de esto. Tu felicidad, ese premio esquivo por el que todos luchamos, amigo mio, está subordinado a eso.
Si uno no consigue arreglárselas para cubrir con esas veinticuatro horas todas las tareas que debe realizar, su vida continuará enmarañándose indefinidamente.
Nunca conseguiremos tener más tiempo. Tenemos, y siempre hemos tenido el tiempo exacto, nuestro tiempo.
4 Actitudes Frente al Tiempo
El tiempo es el bien más valioso que poseemos. Por lo tanto, la forma de emplearlo y administrarlo tiene unos profundos efectos sobre el desarrollo de nuestras vidas. Cada uno de nosotros adopta su propia actitud en relación al tiempo, a veces sin saberlo, otras conscientemente. Esta actitud determina la forma en que cada persona se plantea el reparto de su tiempo.
Se pueden dar cuatro actitudes distintas en relación con el tiempo. Cada una de ellas da lugar a una forma diferente de vivir.
1.- El despreocupado:
No hace ni el más remoto caso del tiempo. Ha elegido una forma de vida con las menos ataduras posibles. Deja que su vida vague sin rumbo fijo, como la hojarasca que arrastra el viento, disfrutando de la espontaneidad e incertidumbre que proporciona ese género de vida. Si trabaja alguna vez, lo hace de forma temporal, porque se rebela contra toda norma y contra todo intento de sujetar su vida. La típica persona despreocupada dirá: «Toda mi vida he sido impuntual. Me parece imposible sujetarme al tiempo. ¡Que se vaya todo al infierno! Yo me lo tomaré con calma, haré lo que quiera y me iré a donde quiera cuando me dé la gana.» ¿Hay algo malo en esta actitud? ¿Quién soy yo para decirlo? Se trata de su vida. Pero si se siente atraído por esta forma de vivir, tenga en cuenta que ese vagar por los caminos y vericuetos de la vida le apartará de cualquier oportunidad real de progreso. Vagando sin rumbo nunca encontrará su camino para una vida mejor.
2.- EL TRABAJADOR «EN HORAS DE OFICINA»
Otro grupo de personas, quizá la mayoría, adopta en relación al tiempo una actitud intermedia entre el despreocupado y el adicto al trabajo. Estas personas parecen hacerlo todo mejor cuando tienen unas responsabilidades moderadas. Tienen capacidad para atender sólo unos pocos proyectos a la vez. Les gustaría tener todas las tardes libres «para oler las flores» a lo largo de toda su vida. Un hombre trabaja en una empresa y decide crear un negocio propio. Pero, a medida que sus responsabilidades aumentan y ve que debe empezar a trabajar antes que nadie y marcharse después de que la señora de la limpieza termina su tarea, se pone a pensar: «Prefiero trabajar para otro. Que se queden ellos con la gloria y los quebraderos de cabeza.» ¿Está equivocado? Puede tener razón si sus dos únicas opciones son, o trabajar todas las horas del día en su negocio, o trabajar sólo de nueve a cinco de la tarde. (Pronto veremos, al tratar sobre la cuarta actitud frente al tiempo, que no sólo existen esas dos únicas opciones.) Cuando intentó llevar su propio negocio debía trabajar más horas de las que era capaz de aguantar. Y por eso toma la decisión de abandonar ese reto, convencido de que el coste del triunfo era demasiado elevado para él. No todos pueden soportar el alto precio que hay que pagar por el éxito. Y esto es cierto; no sólo para los que intentan montar su propio negocio, sino que también se aplica a varios ejecutivos de grandes empresas que conozco. Les voy a relatar una anécdota que ilustra bien a las claras la necesidad de que algunas personas pongan un limite al esfuerzo que deben realizar. Una niña preguntó cierta vez a su mamá: «¿Por qué papá no juega conmigo Llega del trabajo y directamente se encierra en su estudio. Nada más terminar la cena se marcha rápidamente para dedicarse a otros trabajos. Yo quiero jugar con papá. ¿O es que ya no me quiere?» Entonces la madre, ahogando las lágrimas de su propia soledad y angustia, intenta explicarle: «Cariño, papá está muy ocupado. Te quiere mucho y por eso se esfuerza en trabajar tanto. Tiene tanto que hacer en la oficina que parte del trabajo se lo trae a casa para terminarlo.» La niña recapacita un momento sobre lo que le ha contado su madre. De repente, sus ojos se iluminan y exclama contenta: «Bueno, si no puede acabar su trabajo en la oficina, ¿por qué no le ponen en un grupo inferior?» Y bien mirado, ¿por qué no? El éxito profesional y financiero tiene siempre un límite que la persona no debe sobrepasar. Este límite se produce cuando es preciso sacrificar otros valores importantes en aras del éxito material. Yo lo sé muy bien… Yo también intenté alcanzar algunas cosas y era demasiado tarde cuando descubrí que había pagado demasiado caro por ellas. Si hubiera sabido todo lo que me iban a costar, nunca me hubiese comprometido a pagar tan alto precio.
3.- EL ADICTO AL TRABAJO
El anticuado concepto del éxito, tal como lo encarna Willy Loman en
La muerte de un viajante,
se basa en que la persona trabaje más horas y más intensamente cada vez. Para el adicto al trabajo nunca es demasiado el trabajo. El, o ella, trabaja sin parar diez, doce, o catorce horas al día. Intentará obtener dos empleos, termina el trabajo en uno y se marcha al otro seguidamente. Su máxima satisfacción consiste en terminar cada vez más tareas, a base de vencer el sueño y rehusar toda diversión. Todos sabemos los resultados que produce esta forma de actuar. A pesar de que frecuentemente provoca admiración, la conducta de estas personas produce normalmente un alejamiento de la vida familiar, una grave pérdida de salud y finalmente una crisis de los valores fundamentales. Paradójicamente, este tipo de persona no siempre gana más dinero que los demás. Es debido a que él, o ella, normalmente se dedican más a realizar la tarea en sí, que a obtener resultados. Les atrae la tarea; el resultado no tanto. Si me diesen a elegir entre esas tres actitudes anteriores sobre el tiempo, no me sería fácil determinar cuál es la menos mala. Afortunadamente hay otra actitud sobre el tiempo que yo considero la ideal:
4.- El.. ADMINISTRADOR INTELIGENTE DEL TIEMPO
La cuarta y más racional forma de enfocar la cuestión del tiempo recoge las características más aprovechables de las otras tres. El administrador inteligente del tiempo reserva momentos para to4os los aspectos de la vida. Incluso guarda tiempo para el vagabundeo, dejando ratos libres para no hacer nada. Al igual que la persona que trabaja de nueve a cinco, sabe limitar su ocupación laboral y dedicar momentos específicos para atender otros valores, como la familia. Y como el adicto al trabajo, nunca le preocupará trabajar muchas horas seguidas, mientras sea necesario. Lo que verdaderamente hace inteligente al administrador de su tiempo es su capacidad de programarse menos horas de trabajo consiguiendo mas rendimiento. Pero ¿cómo hacerlo? Simplemente trabajando con mayor eficacia, no más horas, e intentando obtener mayor. productividad, en lugar de trabajar horas y horas. El administrador inteligente de su tiempo, busca nuevas formas de aumentar la productividad. Dicho con otras palabras, crea riqueza mediante el empleo de palancas.ç
La palanca permite multiplicar el valor del esfuerzo y sus recursos. Por ejemplo, puede accionar la palanca del dinero pidiéndolo prestado para invertir sabiamente en la compra de una propiedad o en instalar su negocio. Puede emplear la palanca del tiempo y multiplicar su esfuerzo contratando vendedores activos y expertos, o también delegando sus funciones menos importantes en otros empleados competentes.
EL DOMINIO DEL TIEMPO
Es una de las claves para comprender la administración del tiempo. O usted dirige et día> o el día le dirigirá a usted. Realmente sólo es cuestión de estar alerta, de preocuparse. Es muy fácil abandonar el mando, soltar las, riendas de la autoridad y perder la capacidad de controlar su tiempo. Una de las mejores formas de recuperar el control sobre su tiempo es aprender a pronunciar la palabra más adecuada en estos casos. ¿Sabe cuál es? «No». Aprenda a decir «no». Yo también tengo dificultades para pronunciarla. Es muy fácil decir si a todo, ser un hombre «bueno». El resultado de decir sí es que nos pasamos largas horas intentando salir de compromisos que nunca debiéramos haber aceptado. Es una de las causas de que perdamos tanto tiempo. Finalmente, aprendí a decir «no» de una manera agradable. ¿Cómo? Lo que hago es decir: «No, creo que no puedo. Pero si hay algún cambio, ya te llamaré». ¿No es mucho mejor llamar a una persona para darle la buena noticia de que puedes hacerlo? ¡Inténtelo! ¡Da resultado! A un amigo mío, Ron Reynolds, le gusta mucho decir: «No dejes que tu lengua sobrecargue tus espaldas.» Otra forma de recuperar el control del tiempo consiste en lo siguiente: Cuando le toque trabajar, trabaje; cuando quiera divertirse, diviértase. Mezclar ambas cosas no suele dar resultado. Lo único que conseguirá es engañarse a sí mismo con las dos. Si trabaja, y quiere divertirse al mismo tiempo, no disfrutará del placer que proporciona un trabajo bien hecho, ni de la relajación total que brinda la diversión pura. Yo lo sé bien. Pensando para mí me decía: «Tengo que llevar a mi familia a la playa. Les he prometido que iremos. ¿Qué pensarán de mí, si no les llevara?» De manera que mientras los llevaba me pasaba todo el rato murmurando: «Ahora debería estar en la oficina. ¿Por qué he venido a la playa? ¡Tengo tanto que hacer todavía! ¿Cómo me las arreglaría para sacarlos de aquí y volver al trabajo cuanto antes?» Y el resultado era que aquel momento, que podía ser estupendo, terminaba amargado por mi manía de pensar en el trabajo, cuando debía divertiré. A veces hacía lo contrario. Me decía a mí mismo: «Hoy voy a salir de la oficina a las tres de la tarde a pasear con la moto por carreteras secundarias.» ¿Adivinan en qué me pasaba pensando las horas que faltaban hasta las tres? ¡Pues sí! En pasear con la moto por la carretera. Ahora, cuando voy en una gira de conferencias por España, África, o Australia, me lo tomo como un viaje de trabajo. Todos ¡os días están repletos de conferencias, entrevistas y charlas. Pero una vez cumplidas mis obligaciones, dedico el tiempo restante a divertirme, a explorar, a disfrutar. Aprendí una valiosa lección. Un amigo mío, próspero constructor, se ha preparado un programa de trabajo, de manera que trabaja una semana y descansa otra. El le llama el plan de «trabajar una semana, descansar una semana». En realidad, y si contamos los fines de semana, trabaja cinco días y descansa nueve. Auténtico sibaritismo, ¿no? Sin embargo, déjenme que les diga una cosa: Durante esos cinco días, trabaja a tope; trabaja en cuerpo y alma. Es increíble el remolino de actividad que crea a su alrededor. Levanta una auténtica polvareda mientras trata hora tras hora con arquitectos, contables, secretarios y capataces. Durante esos cinco días derrocha esfuerzo. Trabaja sin parar. Después se olvida de todo y se marcha a disfrutar con su familia. Asombroso, ¿no es cierto?
Asi que muchachos a aprovechar bien su tiempo, que solo tenemos una vida!

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